lunes, 24 de mayo de 2010

El rey de Sierra Morena


José María "el Tempranillo",
el bandolero más famoso de la historia.


La historia empieza como empiezan tantas historias, son siempre la misma. Empieza en una noche de romería, esta romería es la de San Miguel, y con dos mozos arriba de pitarra, la calor y por el medio una hembra. En las noches de romería todas las hembras pintan bonitas. En las noches de romería todas las gatas son pardas y el vino ayuda a verle la gracia a la más fea del baile. La historia fue en Lucena, pero pudo ser en Benamejí o en Puente Genil, fue en 1820, pero pudo ser ayer o anteayer y, al tiempo, será mañana. Los dos mozos, borrachos de caldo y el nervio en la piel, compiten por la hembra, primero se faltan, luego se empujan, luego se recuerdan a las madres y al final se les van las manos a las navajas y se cuadran en guardia.

La hembra, mitad asustada y mitad chula por ser el trofeo de la pelea que va a ser a muerte. Los mozos se echan las mantas al brazo torpe y con el bueno hacen la esgrima. Lo de después es el ballet violento, el fandanguillo trágico con música de pleito y navaja, la chaira de muelle y cacha de cuerna, la chifla, la faca, la flamenca o la charrasca, la perica o el baldeo, o el quimbo, la mojosa o la santoria, los gitanos la llaman la serdañí, siempre la navaja, la espada de los villanos, el cuchillo de abanico del que no tiene para florete, que se puede asomar de la faja para fardar de la virola de plata o esconderla en la camisa, para que no sepan el argumento.

Algunas llevan una leyenda en la hoja que habla del honor, el honor que siempre sale tan caro, a precio de sangre sale el honor y deja madres de negro. La historia termina con la romería torcida y los bravos reñidos, la historia termina mal, con las navajas satisfechas y en la plaza uno que va a morir, no tardará mucho, sujetándose el pecho con la mano crispada para que no se le gaste la sangre, pero la sangre se gastará dejando el charco escandaloso que anuncia, como una esquela, el funeral.

Del muerto no se ha guardado el nombre, el del que ganó era José Pelagio Hinojosa, que le decían José María, que tenía quince años y mejor maña con el puñal. Y aquella noche el capote de la suerte. Y aunque la pelea fue de curso legal, como los reales de plata, por si acaso se corrió a la sierra por no andar en riesgo de presidio, cuando no de que lo finaran al garrote.

José Pelagio Hinojosa nació en 1805 en Jauja, en la pedanía de Lucena, en Córdoba (su partida de nacimiento aún se conserva en el archivo de la parroquia de San José). De Jauja escribió Lope de Rueda que estaba empedrada de piñones y sus arroyos eran de miel, lo que dio origen a la expresión de abundancia. Pero abundancia había poca en la casa de los Hinojosa. Había el aceite justo para el candil, pan duro y la ropa remendada. El padre era jornalero y al hijo le tocaba lo mismo, mucho tajo de riñones, arriba antes que el sol y hambre.

«Guapo, valiente, cortés,

tanto como puede serlo un ladrón,
así es José María»

Prosper Merimeé

Todo eso, que no era tanto, lo dejó atrás José María al echarse al monte por escapar de la ley y como apenas era un chaval la gitana María de la Fuensanta le puso el rebautizo y, por precoz, le llamó el Tempranillo.

Al principio guindó el queso a los pastores y algún ave de corral, una manta, yesca para el fuego y lo que podía, pero poco después ya andaba afanando yeguas y caminantes, a navaja y pistolón, a la brava, y se fue haciendo cartel de templado y caballista. Se le fueron juntando otros hombres a la greña con la ley y a la larga acaudilló una hueste de medio centenar de trabuqueros de patilla y sombrero calañés, cachicuerna a la faja y jaco andaluz, hombres corajudos como el Lero Juan Caballero, Paco Salas el de la Torre o José Ruiz, de Badolatosa, y no quedó diligencia en la serranía de Ronda que no rindiese el viaje ligera.

Contra 30 migueletes
En 1828 se fajó contra una dotación de treinta migueletes y desvalijó la recaudación de Hacienda que había salido de Sevilla rumbo a Madrid, y en otra ocasión limpió el convoy real de Fernando VII llevándose siete fardos de tabaco de La Habana y varias medidas de paño. Al final, los postillones, las compañías de coches de punto y hasta la Dirección de Correos pagaban por adelantado un salvoconducto a sus capitanes para asegurarse el camino franco y el Tempranillo iba haciendo bolsa sin salir de la venta. La Capitanía de Sevilla tasó su cabeza en 6.000 reales pero eran tiempos precarios y los aldeanos aliviaban su resentimiento íntimo señalando al norte cuando le veían escapar por el sur.

¡Que maravilla,
quinientos migueletes
y no lo pillan.
Lo buscan por Lucena
y está en Sevilla!


Carlos Cano

La literatura de cordel hizo el resto: se le empezó a ver en diez sitios a la misma hora y mientras Vicente Quesada, capitán general de Sevilla, le describía como «de una estatura de cinco pies escasos, grueso, rubio, de labio superior un poco levantado», el novelista romántico Merimeé le retrataba de «rubio, ojos azules, boca grande, hermosa dentadura, manos pequeñas, la camisa fina, una chaquetilla de terciopelo con botones de plata, polainas de cuero blanco, caballo bayo, el modelo del bandolero español, el prototipo del héroe de los caminos reales», obviando que tenía la mano izquierda ciscada por habérsele descargado accidentalmente una pistola, los ojos grises y las piernas torcidas.

Como era más fácil atrapar la brisa que ponerle el grillo, y se decía que en España reinaba Fernando VII pero en la Sierra Morena mandaba el Tempranillo, el rey le combatió con una jugada de doble filo: envió al general José Manso a entrevistarse con el bandido en la venta de los Molinos, cerca de Morín, de donde el Tempranillo salió indultado y con fuero militar. Los pobres siempre buscan la posición, aunque por el camino se dejen la honra enganchada en un jaral.

El Tempranillo se hizo don José y el bandolero amaneció gendarme: al mando del Escuadrón Franco de Protección y Seguridad de Andalucía vigiló las veredas que ayer acechó. Y es mal 'poli' para el ladrón el que ha sido cocinero antes que fraile. El pecador redimido se vuelve virtuoso, sobre todo si cambia la toga por el antifaz, les pasa a las pícaras que les retira un señor y se hacen puritanas, le pasó a Pablo de Tarso cuando se cayó del caballo.

En 1833, en Alameda, fue a prender al Barberillo, un rufián de la banda del Frasquito, fue sin armas, con el pecho y el prestigio, y recibió dos tiros de posta que le llevaron a la tumba dos días después. Le dio tiempo de dictar el testamento que no pudo firmar porque nunca aprendió a leer.

Martín Olmos 22.05.10 El Correo


La Rosa de los Vientos - José María "el Tempranillo"

1 comentario:

  1. hay una pelicula basada en José María "el Tempranillo", , se llama El rey de Sierra Morena (1949), aparecen varios actores, entre los que destacan la gran Marujita Diaz

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