martes, 8 de junio de 2010

Benjamín de Tudela. El viajero medieval

En la Edad Media, cuando el mundo era inconmensurablemente más grande, hubo quien, antes de Marco Polo, emprendió viajes casi tan largos como los del veneciano.

Benjamín b. de Tudela vivió en la segunda mitad del siglo XII, y fue el viajero judío medieval más importante. Poco se sabe de él ya que la única fuente de que disponemos es su “Libro de Viajes”. Aunque los escritores no judíos le titulan frecuentemente de “rabí”, no existen pruebas de que lo fuese, si se exceptúa la abreviatura convencional prefijada a su nombre en las fuentes hebreas.

 

A partir de evidencias internas, el inicio de sus viajes podría fijarse entre 1159 y 1167 (durante el reinado en Navarra de Sancho VI “El Sabio”) y su regreso a España, en 1172-1173 ( año 4933 del calendario judío). Tales periplos, pues, tuvieron una duración mínima de cinco años y una máxima de catorce. Dado que la última etapa - desde que dejara Egipto y llegara a España - duró por lo menos un año, la última hipótesis parece la más probable.

 

También se desconoce la finalidad de estos viajes, si bien se ha sugerido que Benjamín de Tudela era comerciante en piedras preciosas; consta que en más de una ocasión mostró vivo interés por el comercio del coral.

 

Su Libro de Viajes se basa en las notas e impresiones recogidas durante su dilatado periplo. Desde la ciudad de Tudela - reino de Navarra - desciende por el valle del Ebro: Zaragoza, Tortosa, Tarragona, Barcelona y vía Gerona, penetra en Provenza. Embarca en Marsella y viaja a Génova, Pisa y Roma, ciudad ésta en la que debió detenerse un tiempo, a juzgar por el minucioso relato que ofrece de sus antiguos monumentos.

 

 

Deja Roma y marcha hacia el sur. Reembarca en Otranto, pasa por Corfú y Arta, atraviesa Grecia y se detiene en Constantinopla, de la que ofrece una viva descripción de gran importancia para el conocimiento de las condiciones y situación socioeconómica de sus habitantes, judíos o no. Cruza el Egeo (islas Mytilene, Chíos, Samos, Rodas) hasta Chipre; llega a tierra firme y luego de pasar por Antioquía, Sidón y Tiro, entra en la de Israel por Acre, a la sazón en manos de los Cruzados. Recorre el país y describe detalladamente los Santos Lugares dejando, con ello, un documento de singular interés para el conocimiento de Palestina de aquella época.

 

De camino hacia el Norte, pasa por Tiberíades, Damasco, Alepo y Mosul, con un itinerario difícil de precisar. Llega a Bagdag, ciudad que describe con mayor extensión que cualquier otra. Parece probable que viajara a lo largo y ancho de Mesopotamia y Persia, aunque en estos relatos abundan los materiales legendarios. Resulta improbable, empero, se aventurase a traspasar estos ámbitos geográficos, aunque hable - con cierta fantasía - de China, India y Ceilán.

 

Ya de vuelta, Benjamín de Tudela hace una admirable descripción de Egipto y en especial, de la vida judía en El Cairo y Alejandría, ciudad en la que embarca para arribar a Sicilia, dejando de Palermo una descripción cuidadosa y pintoresca. De allí, presumiblemente, regresa por mar a España, aunque el itinerario finaliza con una idealizada visión de la vida judía de Alemania y del norte de Francia, basada tal vez en relatos que llegaron a sus oídos.

1 comentario:

  1. EsO sI qUe ErA uN vIaJeRo!!!:)
    Se paso muchos años viajando, y para el que le interese que busque al marroqui ibn batuta otro viajero singular.
    David.

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