martes, 1 de junio de 2010

Javierre y "El Cojo", pioneros en la ronda gala

En una época en la que el ciclismo no era otra cosa que hambre, penurias y gloria (si había suerte), los españoles José María Javierre y Vicente Blanco " el cojo" sortearon las dificultades y se presentaron, en 1909 y 1910 respectivamente, en la salida del Tour de Francia, siendo los primeros participantes de nuestro país.

José María Javierre
Nació un 4 de febrero de 1888 en el centro de Jaca, exactamente en el número 3 de la Plaza de la Estrella (Plaza de Ripa hoy), hijo de Justo Javierre, un jornalero natural de Borau. Cuando tenía apenas 4 años, al morir su padre, su madre agarró a sus 5 hijos y marchó a Francia. En aquellos años los 30 kilómetros por Camfranc y Somport eran un desafío.
José María Javierre o Joseph Habierre como se le llamó posteriormente se apuntó pronto a eso del ciclismo pues cada mañana pedaleaba en bicicleta hasta el trabajo. Después de muchas carreras locales, en 1909 decidió participar en el Tour, inscrito con su nombre francés aunque todavía era ciudadano español.
Vivió primero en Lescún pero posteriormente se trasladó a Olorón donde se casó y residió hasta su fallecimiento en 1954. En nuestra ciudad hermana de Olorón vive su hija Cecile y en su casa guarda muchos recuerdos de la vida ciclista de su padre y sobre todo de los dos Tour en los que José María participó.

Vicente Blanco "El Cojo"
"El Cojo" nació en el barrio bilbaíno de Deusto en 1884, de padre marinero, enseguida se metió como carbonero en un barco. Así forjo un físico duro y curtido, lo que sin duda le sirvió en su posterior carrera como ciclista.

A comienzos de siglo el ciclismo en Bilbao era una diversión, cosa de ricos, una novedad que mezclaba carreras con meriendas al borde de la ría. Vicente, que ya era botero, les veía desde su barca con la que cruzaba pasajeros. Quería una de aquellas máquinas con ruedas pero 5 céntimos por viajero no daban ni para bicis ni para carne. Mala pinta para ser ciclista, vegetariano a la fuerza y cojo, porque en la siderurgia La Basconia una barra incandescente le dejó un agujero por el que pasaba la luz.

A pesar de todo pudieron más el interés y el hambre; se compro una bicicleta por 4 pesetas, con las ruedas medio mordidas, vendió el bote y se presento en la Federación Atlética Vizcaína donde primero causó risa y después admiración. Ganó varias carreras y la Federación, en vista de su éxito, le prestó dinero para correr el Campeonato de España en Gijón. Este invirtió la ayuda en una chuletada y marchó camino de Asturias llegando a Gijón a tiempo para ganar la carrera y lo más importante las 500 pesetas del premio (el hambre fue siempre su motor), repitiendo victoria al año siguiente.

¿Por qué no probar eso del Tour? Había leído en el reglamento una frase a su medida: "El corredor sale solo a la aventura" y sintió su llamada. La edición de 1910 fue una de las más duras de la historia, incluía Pirineos, Tourmalet, Aubisque, la etapa Luchón-Bayona (el vencedor llamó "asesinos" a los organizadores). Partió hacia allá, desde Bilbao, en su bici con algo de comida, ningún repuesto y muchos sueños.

Llegó a Paris el 2 de julio, un día antes del inicio de la carrera. Roto, anémico y con la bicicleta partida. Un mecánico español, Joaquín Rubio, le presto otra y le ayudo a inscribirse en la Grande Boucle con el dorsal 155. Debutó en la primera etapa de 272 kilómetros, sufrió golpes, pinchazos, caídas. En aquel ciclismo partían de noche, pedaleando sobre el túnel de luz que abrían los coches. Mineros sobre ruedas. "El Cojo" sucumbió, vacío por el viaje desde Bilbao, llegó fuera de control. Regresó a casa y fue aclamado como un héroe.

Cien años después debe perdurar el recuerdo de estos dos pioneros que abrieron un camino y facilitaron así otras grandes victorias del ciclismo español.

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