sábado, 4 de septiembre de 2010

Alejandro Finisterre y el futbolín

El futbolín, ese juego que tantos buenos momentos nos hizo pasar en nuestra adolescencia, tiene como actor principal de su historia a su inventor, Alejandro Campos Ramírez más conocido, por su origen gallego, como Alejandro Finisterre o Alexandre Fisterra.

Hijo de un zapatero en quiebra, Alejandro tuvo que corregir los exámenes de los párvulos para poder pagarse la matrícula de la escuela además de trabajar en la construcción y en una imprenta. Fue en esta época cuando conoció al poeta León Felipe, del que sería su albacea.

Durante la Guerra Civil española, en noviembre de 1936 y a la edad de 16 años, le ocurrió el suceso por el cuál surgió la idea del futbolín. “Por culpa de una bomba nazi, de las que lanzaron sobre Madrid. Quedé sepultado entre cascotes, con heridas graves. Me llevaron a Valencia y luego al hospital de la Colonia Puig de Montserrat. La mayoría de los que estaban allí eran mutilados de guerra. Yo había jugado al fútbol -incluso perdí un diente de una patada-, pero me había quedado cojo y envidiaba a los que podían jugar. También me gustaba el tenis de mesa. Así que pensé: “¿Por qué no crear el fútbol de mesa?”.

Poco antes de las navidades de ese mismo año Alejandro se puso manos a la obra y con la ayuda de un carpinero vasco, Francisco Javier Altuna, completó un invento que patentaría en Barcelona en enero de 1937 aunque no pudo conseguir que fuera fabricado y distribuido a nivel industrial porque todas las fábricas de juguetes se dedicaban a producir armas.

A medida que la guerra avanzaba, Alejandro tuvo que huir a Francia cruzando a pie los Pirineos. En el macuto sólo llevaba la patente, una lata de sardinas y dos obras de teatro. Llovió a cántaros durante 10 días y los papeles se convirtieron en argamasa. Ya en París, en 1948, se enteró de que un antiguo compañero de hospital, Magí Muntaner del POUM, había patentado el futbolín y aseguró que le había escrito una carta explicándoselo pero que Alejandro nunca llegó a recibir. Entonces se dirigió a la empresa que estaba fabricando el juguete y reclamó su derecho de patente. Con el dinero obtenido emigró a Ecuador donde fundó la revista Ecuador 0º,0’,0”.


Tiempo después, mientras residía en Guatemala, se dedicó a perfeccionar el invento y a comercializarlo hasta que tras un golpe de estado en 1952 fue robado y secuestrado por sus ideales izquierdistas. Me metieron en un avión hacia Madrid pero amenacé al piloto con estrellar el aparato, siendo el primer secuestrador aéreo de la historia”. Más tarde, en México, se dedicó a las artes gráficas y a la edición además de  fundar su propia editorial.

Alejandro Finisterre volvió a España durante los años de transición. Vivió primero en Aranda de Duero (Burgos) y se asombró por la gran aceptación que había tenido su invento. Se transladó a Zamora donde falleció el día 9 de febrero de 2007, en su casa del barrio de Pinilla, a la edad de 87 años. Sus cenizas fueron esparcidas en el Río Duero a su paso por la ciudad de Zamora y en el Atlántico, en Finisterre.

Fuentes: es.wikipedia.org y mobbingopinion.bpweb.net

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