martes, 14 de septiembre de 2010

La desvergüenza española de Sydney 2000

En una época en la que vivimos turbados por los éxitos deportivos, tanto a nivel individual como colectivo, no debemos olvidar lo que nos ha costado llegar hasta aquí. En un día en el que Rafa Nadal se ha convertido en el séptimo tenista en ganar los cuatro "grandes" quiero hablaros una de las manchas negras del deporte español.

Corría el año 2000 cuando la Federación Española de Deportes de Discapacitados Intelectuales (FEDDI) presentaba un gran equipo de baloncesto para los Juegos Paralímpicos de Sydney. El combinado español ganaba el oro olímpico arrasando a todos sus rivales pero lo que se supo después sería un escándalo. 

El periodista Carlos Ribagorda destapaba el fraude al denunciar que llevaba dos años jugando con el equipo paralímpico de baloncesto sin tener ninguna minusvalía física ni intelectual y que no pasó ningún tipo de control. Según Ribagorda sólo dos jugadores del quinteto titular eran discapacitados afirmando que casos así no solo ocurrieron en su deporte sino también en el atletismo, el tenis de mesa y la natación, para lograr éxitos y más subvenciones. Para colmo, varios de los tramposos eran jugadores de la liga EBA.

El Comité Paralímpico Español confirmó el fraude ya que diez de los doce baloncestistas eran completamente normales y fueron obligados a devolver las medallas de oro. A partir de entonces y debido a los problemas para probar este tipo de discapacidad, el Comité Paralímpico Internacional removió esta competencia de los Juegos. 


1 comentario:

  1. Desconocía aquel fraude o si lo escuche en algún telediario ya no lo recordaba. Tanto en el deporte como en cualquier otro ámbito la trampa debe perseguirse. Aún no llego a comprender qué placer puede suponer para alguien ganar con trampas, qué satisfacción puede dar plagiar una obra, cuando, en todos los casos, el tramposo se reconoce incapaz de ganar en buena lid o de pintar o escribir algo que le gustaría haber pintado o escrito a él. Mucha vergüenza debe pasar el tramposo si es descubierto, tanta o más como malestar propio debería sentir el tramposo que se aprovecha del esfuerzo ajeno o que vence con engaño.
    Saludos.

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