martes, 12 de octubre de 2010

Tener más orgullo que don Rodrigo en la horca

D. Rodrigo Calderón
Tener más orgullo que don Rodrigo en la horca” es un conocido refrán castellano que esconde tras de sí, además de un ingrediente de falsedad, una interesante historia que os relato a continuación. 

La de nuestro protagonista, don Rodrigo Calderón, es la historia de los bandos cortesanos y las descarnadas luchas por el poder en la corte de la monarquía más poderosa de la época. Miembro de una familia hidalga castellana vinculada a Valladolid, pasó en poco tiempo de ser paje a hombre de confianza del Duque de Lerma quien, a su vez, se convertiría en valido del rey Felipe III, sobre el que tendría una gran influencia.

Hombre ambicioso y sin escrúpulos, no dudó en convertirse en intermediario imprescindible para muchos favores y nombramientos; lucrarse amplia y rápidamente tanto en el aspecto material como en el simbólico de honores y títulos (fue nombrado Conde de la Oliva y Marqués de Siete Iglesias) además de un encumbramiento social conseguido, por ejemplo, gracias a su unión con Inés de Vargas.

Su historia es también la de la corrupción y el abuso en el poder facilitados por un sistema absolutista, aunque, tras el fin político de su poderoso protector, se convirtió en la víctima propiciatoria a través de la cual se quiso castigar a todo el régimen de Lerma. Al acceder al trono Felipe IV y obtener la privanza el Conde-Duque de Olivares, no sólo cayó en desgracia, sino que fue objeto de un proceso en el que, entre otras gravísimas acusaciones, se le imputaba el envenenamiento de la reina Margarita, muerta en extrañas circunstancias.

Condenado a muerte, don Rodrigo subió al cadalso de madera entre el murmullo y la admiración de la concurrencia. No fue ahorcado como dice el dicho sino que, debido a su condición de noble, fue degollado frente a la Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor de Madrid. Cuentan que antes se había negado a entrar a la plaza por la calle de la Amargura (hoy Siete de Julio) porque no se sentía un condenado cualquiera, y había abrazado y besado al verdugo que después le cortaría a cuchillo la garganta. Tal fue su entereza que en el tiempo que duró el acto pasó de político corrupto a héroe popular. Incluso los poetas que habían cebado su sátira contra él cuando era poderoso, se rindieron a él tras su muerte.

"En la muerte de don Rodrigo Calderón" por Francisco de Quevedo y Villegas.

Tu vida fue envidiada de los ruines, 
tu muerte de los buenos fue invidiada; 
dejaste la desdicha acreditada, 
y empezaste tu dicha de tus fines. 

Del metal ronco fabricó clarines fama, 
entre los pregones disfrazada, 
y vida eterna, y muerte desdichada 
en un vilo tuvieron los confines. 

Nunca vio tu persona tan gallarda 
con tu guarda la plaza, como el día 
que por tu muerte su alabanza aguarda. 

Mejor guarda escogió tu valentía, 
pues que hizo tu ángel con su guarda
en la gloria lugar a tu agonía.   

 

4 comentarios:

  1. Morir con entereza sin perder los nervios es algo que no está al alcance de todos. Parece que don Rodrigo fue uno de ellos, lo que lo convierte en una especie de héroe popular, aunque tras él hubiera delito y corrupción. A veces se da el caso contrario, un héroe de verdad que no sabe morir, tal es el caso de Rafael de Riego. La imagen que dejó fue de cobardía ante la muerte, aunque viviera como un héroe.
    Un saludo.

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  2. Murió con la dignidad de su linaje, pagando sus propios pecados y los de su protector el duque de Lerma, el hombre más rico de España, que logró librarse al final gracias a su influencia, que usó para ser creado cardenal.
    Mucho tuvo que ver en el proceso al que fue sometido con gran dureza el Conde-duque de Olivares. Interesante artículo con el soneto de Quevedo como guinda final. Saludos.

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  3. Últimamente se está llevando una revisión de su figura y de la del Duque de Lerma, alejada de los tópicos de la historiografía romántica y franquista...te recomiendo su biografía publicada por el Centro de Estudios de Europa Hispánica la Editorial Marcial Pons: "Rodrigo Calderón. La sombra del valido. Privanza, favor y corrupción en la corte de Felipe III" de Santiago Martínez Hernández...al final tuvo una muerte tan digna y con tan gran honor que no sirvió de escarmiento como quería el nuevo valido, Conde de Olivares...y al final el de Lerma, el cardenal-duque se libró del suplicio por su condición religiosa...Rodrigo Calderón fue, como dice el libro "el valido del valido"

    Un saludo

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  4. Conocía el dicho, pero no la historia que se escondía tras él. El siglo XVII fue el periodo de los políticos corruptos, del lucro y la opulencia. Aquel que lograba posicionarse entre la aristrocracia cortesana y ganarse los favores del rey, podía conseguir dominar de por sí el gran imperio español. Y si no que se lo digan al conde-duque. Todos acabaron el desgracia, en la cárcel o ahorcados, como don Rodrigo.

    Saludos

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