lunes, 28 de junio de 2010

MVNICIPIVM AVGVSTA BILBILIS

Aprovechando mi paso por Calatayud no dudé en acercarme a Bílbilis, ciudad celtíbera situada sobre la colina de Bámbola cuyos habitantes formaban parte de la tribu de los lusones, siendo ocupada por los romanos en el año 133 a. C. y que llegó a ser municipium durante la época de Augusto. La ciudad, fiel a Roma, se opuso a Sertorio a pesar de que éste la tomó en el año 77 a. C. perdiéndola tres años más tarde.

Bílbilis se convirtió, gracias en parte a hallarse en el camino de una de las principales vías romanas de la Península que comunicaba Caesaraugusta (Zaragoza) con Emérita (Mérida), en una ciudad que jerarquizaba toda la comarca, acuñando moneda propia y dotándose de edificios públicos como un foro o un teatro, además de numerosas tiendas y una compleja red hidráulica.

Se abandonó paulatinamente durante el siglo III d. C. y nunca volvió a ser habitada. Por ello se han conservado en buen estado muchos muros con pintura al fresco haciendo del yacimiento arqueológico una referencia en pintura romana. En la antigüedad fue conocida por ser la ciudad de origen del poeta Marco Valerio Marcial. 

+ Información: www.yacimientobilbilis.com

miércoles, 23 de junio de 2010

Calatayud. Cruce de caminos

A orillas del río Jalón y a unos 85 Km. de Zaragoza está situada la ciudad de Calatayud, primera parada de mi viaje. Capital de una extensa comarca con casi diez siglos de historia que lleva su nombre y es con más de 20.000 habitantes la cuarta ciudad aragonesa en población. Heredera de la romanizada Bilbilis, de la que os hablaré más tarde, fue fundada, según cuenta la tradición, por el emir Ayyub inb Aviv Lajmi en el año 716 y tomó su nombre de “Qal’at Ayyub”, el recinto fortificado de Ayyub.

En el Casco Histórico está concentrado el Patrimonio Artístico de la localidad donde pude ver, rodeadas de casas en mal estado de conservación, monumentos religiosos de gran factura como la iglesia de San Pedro de los Francos, la de San Juan el Real o la Colegiata del Santo Sepulcro y las fantásticas torres mudéjares. Cabe destacar por encima de éstas la Colegiata de Santa María La Mayor, declarada Monumento Nacional, levantada sobre el solar de la antigua mezquita mayor de la ciudad. El templo actual, de estilo protobarroco, es obra de principios del siglo XVII y consta de tres naves de la misma altura siendo de arte mudéjar el claustro, la torre octogonal y el ábside. Destaca su portada labrada en alabastro.


Al margen de su arquitectura religiosa pude observar con agrado el famoso Mesón de La Dolores y la Plaza de España. Se trata de una plaza porticada de estilo aragonés, donde antiguamente se situaba el zoco o núcleo mercantil musulmán y donde también se encuentra la antigua Casa Consistorial de estilo renacentista. Me llamaron la atención sus casas torcidas seguramente por los movimientos del terreno. ¡Para vivir ahí debes tener agallas!.


Caminando por el Paseo del Cortés de Aragón puedes tomar el pulso a la animada villa y ya que todo no ha de ser arte e historia, tapear por su bares debe ser costumbre ineludible para el visitante. Desde aquí os recomiendo hacer, aunque sea fugaz como la mía, una visita a este magnífico municipio de Qal’at Ayyub.

+ Información: www.turismocalatayud.com y www.calatayud.org

lunes, 21 de junio de 2010

La Dolores de Calatayud

La historia de La Dolores se basa en una copla anónima que cuenta las aventuras de una joven honesta y caritativa que sirve en un mesón de Calatayud. Seducida por un barbero llamado Melchor, es pretendida, a la vez, por Patricio, un rico mercader y por un sargento petulante llamado Rojas. De la muchacha se enamora locamente el seminarista Lázaro, sobrino de la mesonera. La historia termina con la muerte de Melchor al recibir una puñalada de manos de Lázaro. 

La existencia real del famoso personaje ha sido siempre controvertida a pesar de las investigaciones llevadas a cabo como las de Antonio Sánchez Portero, recogidas en su libro La Dolores, algo más que una leyenda, donde corrije muchos datos erróneos y aporta informaciones concretas.

Aunque la ficción se mezcla con la realidad se cuenta que La Dolores, de nombre María de los Dolores Peinador Narvión, nacida en Calatayud (Zaragoza) el 13 de mayo de 1819, era hija de Blas Peinador, natural de Ampudia (Palencia) y Delfina Manuela Narvión de Rivadavia (Pontevedra). Al morir su madre dejó una cuantiosa herencia que su padre se encargó de administrar. La Dolores, de deslumbrante belleza, conoce más tarde al teniente Esteban Tovar Pérez con el que acaba casándose en secreto en 1839 debido al rechazo a tal enlace por parte de su padre y su madrastra. A partir de este momento comienzan los litigios por la herencia materna hasta que finalmente recayó en el matrimonio. Vencida la primera mitad del siglo, se trasladaron a Madrid, donde La Dolores murió en agosto de 1894, se dice que en la más absoluta de las miserias y fue enterrada en el cementerio de la Almudena.
En su ciudad natal  se conserva el Mesón de la Dolores, antes conocido como Posada de San Antón, y el Museo de la Dolores, en el que se recogen los recuerdos de la vida de Dolores Peinador hasta convertirse en leyenda. Su historia  ha inspirado posteriormente infinidad de obras literarias, musicales, teatrales y cinematográficas.

La copla de La Dolores

miércoles, 9 de junio de 2010

Sautuola y las Cuevas de Altamira


Aprovechando el hecho de que Altamira, cerrada al público desde 2002, pueda ser visitada de nuevo según lo dicho ayer por Miguel Ángel Revilla y Angeles González-Sinde, de manera controlada y garantizando su conservación, os acerco hoy unos breves apuntes de su historia y la de Sautuola, su descubridor.

Las cuevas de Altamira son el más importante conjunto pictórico prehistórico, situadas muy cerca de Santillana del Mar y denominadas como la Capilla Sixtina del arte cuaternario. Aunque su descubrimiento fue casual en 1.868, y en un principio se llamó la cueva de Juan Montero, la apreciación de su valor y su estudio fue obra de Marcelino Sanz de Sautuola, amigo de paseos y excavaciones, y aficionado desde joven a las Ciencias, la Botánica o la Geología, al que también se debe la introducción del eucalipto en los bosques de Cantabria.

Fue en el verano de 1879, en una de sus múltiples excursiones y acompañado por su hija María, de 8 años, cuando ésta le dijo al mirar al techo de la cueva en la que estaban "¡Mira, papá! ¡Bueyes pintados!", acababan de descubrir las cuevas de Altamira.

El año siguiente, 1880, Marcelino presentó sus conclusiones en sus "Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la Provincia de Santander", en los que mostraba una reproducción de la bóveda natural con sus pinturas causando un gran impacto mundial, pues no se esperaba que nuestros ancestros prehistóricos exhibieran tan alto nivel cultural.

A pesar de que tanto Marcelino como el geólogo y paleontólogo español Juan Vilanova y Piera defendieron desde un principio la autenticidad de las pinturas, la opinión generalizada, encabezada por autoridades en Prehistoria como Émile Cartailhac, se resistió tenazmente a considerarlas como tales. La polémica es muy viva, sin embargo, acaban por abrirse paso en congresos y academias las pruebas presentadas y, finalmente, cuando en 1901 se descubrieron parecidas realizaciones del arte rupestre prehistórico en las cuevas de Font de Gaume y Combarelles (Les Eyzies, Dordoña), Cartailhac reconoce su anterior equivocación y rectifica públicamente lo creído hasta entonces con el artículo “La grotte d’Altamira, Espagne. "Mea culpa" d’un sceptique” mostrando su respeto y admiración por Sautuola. Es muy sincero el arrepentimiento del profesor francés, y siempre que visita la cueva de Altamira pasa antes a saludar a doña María, la hija del caballero montañés; la niña que un día de verano asombrada señaló al padre aquellas pinturas trazadas en el techo de la caverna.

Pero Sautuola, quien había muerto 14 años antes, no vivió para disfrutar la retritución de su honor, ni la posterior confirmación científica de un descubrimiento que revolucionó totalmente los criterios que se tenían sobre el grado cultural del hombre paleolítico, confirmando una sensibilidad especial, bien por la religiosidad, bien por los aspectos mágicos.

Fuentes: www.elbosquedelaanjana.es y es.wikipedia.org

Video y Documental sobre las Cuevas de Altamira


martes, 8 de junio de 2010

Benjamín de Tudela. El viajero medieval

En la Edad Media, cuando el mundo era inconmensurablemente más grande, hubo quien, antes de Marco Polo, emprendió viajes casi tan largos como los del veneciano.

Benjamín b. de Tudela vivió en la segunda mitad del siglo XII, y fue el viajero judío medieval más importante. Poco se sabe de él ya que la única fuente de que disponemos es su “Libro de Viajes”. Aunque los escritores no judíos le titulan frecuentemente de “rabí”, no existen pruebas de que lo fuese, si se exceptúa la abreviatura convencional prefijada a su nombre en las fuentes hebreas.

 

A partir de evidencias internas, el inicio de sus viajes podría fijarse entre 1159 y 1167 (durante el reinado en Navarra de Sancho VI “El Sabio”) y su regreso a España, en 1172-1173 ( año 4933 del calendario judío). Tales periplos, pues, tuvieron una duración mínima de cinco años y una máxima de catorce. Dado que la última etapa - desde que dejara Egipto y llegara a España - duró por lo menos un año, la última hipótesis parece la más probable.

 

También se desconoce la finalidad de estos viajes, si bien se ha sugerido que Benjamín de Tudela era comerciante en piedras preciosas; consta que en más de una ocasión mostró vivo interés por el comercio del coral.

 

Su Libro de Viajes se basa en las notas e impresiones recogidas durante su dilatado periplo. Desde la ciudad de Tudela - reino de Navarra - desciende por el valle del Ebro: Zaragoza, Tortosa, Tarragona, Barcelona y vía Gerona, penetra en Provenza. Embarca en Marsella y viaja a Génova, Pisa y Roma, ciudad ésta en la que debió detenerse un tiempo, a juzgar por el minucioso relato que ofrece de sus antiguos monumentos.

 

 

Deja Roma y marcha hacia el sur. Reembarca en Otranto, pasa por Corfú y Arta, atraviesa Grecia y se detiene en Constantinopla, de la que ofrece una viva descripción de gran importancia para el conocimiento de las condiciones y situación socioeconómica de sus habitantes, judíos o no. Cruza el Egeo (islas Mytilene, Chíos, Samos, Rodas) hasta Chipre; llega a tierra firme y luego de pasar por Antioquía, Sidón y Tiro, entra en la de Israel por Acre, a la sazón en manos de los Cruzados. Recorre el país y describe detalladamente los Santos Lugares dejando, con ello, un documento de singular interés para el conocimiento de Palestina de aquella época.

 

De camino hacia el Norte, pasa por Tiberíades, Damasco, Alepo y Mosul, con un itinerario difícil de precisar. Llega a Bagdag, ciudad que describe con mayor extensión que cualquier otra. Parece probable que viajara a lo largo y ancho de Mesopotamia y Persia, aunque en estos relatos abundan los materiales legendarios. Resulta improbable, empero, se aventurase a traspasar estos ámbitos geográficos, aunque hable - con cierta fantasía - de China, India y Ceilán.

 

Ya de vuelta, Benjamín de Tudela hace una admirable descripción de Egipto y en especial, de la vida judía en El Cairo y Alejandría, ciudad en la que embarca para arribar a Sicilia, dejando de Palermo una descripción cuidadosa y pintoresca. De allí, presumiblemente, regresa por mar a España, aunque el itinerario finaliza con una idealizada visión de la vida judía de Alemania y del norte de Francia, basada tal vez en relatos que llegaron a sus oídos.

viernes, 4 de junio de 2010

¿Y el Madrid qué? ¿Otra vez campeón de Europa, no?

Quiero hablaros hoy, saliéndome quizás del hilo argumental del blog, de Jesús García Velasco, ni fue un rey, ni un héroe, ni un pionero, aunque podríamos decir que forma parte de la historia de la publicidad y la televisión de nuestro país.

Jesús García Velasco, cabrero de profesión y natural del pequeño municipio de Majaelrayo, murió el pasado martes en Guadalajara, víspera de su 88 cumpleaños. Conocido popularmente como "el abuelo de Majaelrayo", Jesús fue el protagonista de un entrañable y famoso anuncio de un vehículo todo terreno emitido en televisión en la década de los noventa. Los publicistas tenían contratado a un actor profesional pero conocieron a Jesús que acabó protagonizando un spot que recibió varios galardones.
 
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martes, 1 de junio de 2010

Javierre y "El Cojo", pioneros en la ronda gala

En una época en la que el ciclismo no era otra cosa que hambre, penurias y gloria (si había suerte), los españoles José María Javierre y Vicente Blanco " el cojo" sortearon las dificultades y se presentaron, en 1909 y 1910 respectivamente, en la salida del Tour de Francia, siendo los primeros participantes de nuestro país.

José María Javierre
Nació un 4 de febrero de 1888 en el centro de Jaca, exactamente en el número 3 de la Plaza de la Estrella (Plaza de Ripa hoy), hijo de Justo Javierre, un jornalero natural de Borau. Cuando tenía apenas 4 años, al morir su padre, su madre agarró a sus 5 hijos y marchó a Francia. En aquellos años los 30 kilómetros por Camfranc y Somport eran un desafío.
José María Javierre o Joseph Habierre como se le llamó posteriormente se apuntó pronto a eso del ciclismo pues cada mañana pedaleaba en bicicleta hasta el trabajo. Después de muchas carreras locales, en 1909 decidió participar en el Tour, inscrito con su nombre francés aunque todavía era ciudadano español.
Vivió primero en Lescún pero posteriormente se trasladó a Olorón donde se casó y residió hasta su fallecimiento en 1954. En nuestra ciudad hermana de Olorón vive su hija Cecile y en su casa guarda muchos recuerdos de la vida ciclista de su padre y sobre todo de los dos Tour en los que José María participó.

Vicente Blanco "El Cojo"
"El Cojo" nació en el barrio bilbaíno de Deusto en 1884, de padre marinero, enseguida se metió como carbonero en un barco. Así forjo un físico duro y curtido, lo que sin duda le sirvió en su posterior carrera como ciclista.

A comienzos de siglo el ciclismo en Bilbao era una diversión, cosa de ricos, una novedad que mezclaba carreras con meriendas al borde de la ría. Vicente, que ya era botero, les veía desde su barca con la que cruzaba pasajeros. Quería una de aquellas máquinas con ruedas pero 5 céntimos por viajero no daban ni para bicis ni para carne. Mala pinta para ser ciclista, vegetariano a la fuerza y cojo, porque en la siderurgia La Basconia una barra incandescente le dejó un agujero por el que pasaba la luz.

A pesar de todo pudieron más el interés y el hambre; se compro una bicicleta por 4 pesetas, con las ruedas medio mordidas, vendió el bote y se presento en la Federación Atlética Vizcaína donde primero causó risa y después admiración. Ganó varias carreras y la Federación, en vista de su éxito, le prestó dinero para correr el Campeonato de España en Gijón. Este invirtió la ayuda en una chuletada y marchó camino de Asturias llegando a Gijón a tiempo para ganar la carrera y lo más importante las 500 pesetas del premio (el hambre fue siempre su motor), repitiendo victoria al año siguiente.

¿Por qué no probar eso del Tour? Había leído en el reglamento una frase a su medida: "El corredor sale solo a la aventura" y sintió su llamada. La edición de 1910 fue una de las más duras de la historia, incluía Pirineos, Tourmalet, Aubisque, la etapa Luchón-Bayona (el vencedor llamó "asesinos" a los organizadores). Partió hacia allá, desde Bilbao, en su bici con algo de comida, ningún repuesto y muchos sueños.

Llegó a Paris el 2 de julio, un día antes del inicio de la carrera. Roto, anémico y con la bicicleta partida. Un mecánico español, Joaquín Rubio, le presto otra y le ayudo a inscribirse en la Grande Boucle con el dorsal 155. Debutó en la primera etapa de 272 kilómetros, sufrió golpes, pinchazos, caídas. En aquel ciclismo partían de noche, pedaleando sobre el túnel de luz que abrían los coches. Mineros sobre ruedas. "El Cojo" sucumbió, vacío por el viaje desde Bilbao, llegó fuera de control. Regresó a casa y fue aclamado como un héroe.

Cien años después debe perdurar el recuerdo de estos dos pioneros que abrieron un camino y facilitaron así otras grandes victorias del ciclismo español.

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