lunes, 10 de enero de 2011

El naufragio del Sirio

En 1906 España sufría una grave crisis. Las clases populares estaban sumidas en la pobreza más absoluta y millones de personas, tanto españolas como de otros países europeos, veían en los viajes transoceánicos su gran oportunidad para conseguir un futuro mejor.


Ese verano, un vapor italiano partía del puerto de Génova hacia las Américas, bajo el mando del veterano capitán Giuseppe Piccone, con cerca de un millar de inmigrantes a bordo (buena parte de ellos ilegales). El buque, construido 1883, de 4.141 toneladas y con 115 metros de eslora era el Sirio y este es su amargo final.

El día 4 de agosto el Sirio navegaba, con la mar en calma y buena visibilidad, muy cerca de la costa cuando a la altura del Cabo de Palos chocó con el Bajo de Fuera, uno de los escollos submarinos que forman las denominadas Islas Hormigas. Tras la gran sacudida, se levantó de proa y se inclinó a estribor partiéndose casco y popa y explotando las calderas.


Ante la pasividad del capitán y su tripulación los pasajeros enloquecidos se tiraban al mar presas del pánico o luchaban desesperadamente por conseguir, incluso a tiros, su lugar en uno de los botes salvavidas sumiendo el barco en el caos total y facilitando así la catástrofe.

Si el hundimiento del Sirio es considerado la mayor tragedia de la navegación civil en las costas españolas su rescate también constituye la mayor operación civil de salvamento naval en la Historia de España.


Vicente Buigues, patrón del pailebote (goleta pequeña) "Joven Miguel" fue el protagonista de la mayor acción heroica del salvamento. Buigues primero arrió un bote para socorrer a los que se tiraban por la borda, pero este fue hundido por los desesperados náufragos. Entonces regresó a nado a su barco y embistió el botalón de su nave por encima de la cubierta del buque siniestrado. A través del palo del bauprés ayudó a salvar a cientos de personas pese al riesgo que conllevaba para su pailebote y su tripulación el hundimiento definitivo del Sirio.

La tragedia del Sirio costó la vida a centenares de personas. El número de víctimas mortales varía según las fuentes. Mientras la alcaldía de Cartagena o el Ministerio de Marina hablaron de entre 200 y 300 muertos, otras fuentes extraoficiales cifraron el total de fallecidos en casi medio millar.

Este poema de José María Marín es una muestra del legado cultural que generó el naufragio.

"El Sirio correo italiano
que para América iba
naufragó de agosto el cuatro,
frente al Faro de la Hormiga.

Las costas del mar Hispano,
desconocer demostraba
aquel decrépito anciano,
que por capitán llevaba,
el Sirio correo italiano.

De los escollos no esquiva,
el paso tan peligroso
y la pérdida motiva,
del transatlántico hermoso,
que para América iba.

Estas costas panteón 
son fúnebre teatro
de aquella desolación,
donde esta embarcación
naufragó de agosto el cuatro.

Aquellos de tierra amiga
guardan eterno reposo
y el mar en su seno abriga,
de las aguas el coloso,
frente al Faro de la Hormiga".

Fuentes: 

1 comentario:

  1. Siempre en una catástrofe multitudinaria impera el caos, el sálvese quien pueda. Sólo, y con dificultades, el capitán y los oficiales pueden organizar, y poco, la situación. Si encima no cumplen con su misión, el desastre aún es mayor, y no siempre se cuenta con héroes dispuestos a la ayuda aún con riesgo propio. Estupendo artículo, Isma.

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