lunes, 23 de mayo de 2011

Sierra Ministra (I): Sigüenza

Las castellanas tierras de Sierra Ministra son, como bien decía don Miguel de Unamuno, tristes pero bellas; la escasa prominencia de sus cerros, el exiguo desnivel de sus laderas y la poca vegetación de la zona conforman un paisaje casi lunar donde saludan al viajero villas cuya belleza aun no ha sido desvirtuada por el turismo masivo.

Una de estas joyas embriagadas de antiquísima historia es Sigüenza. Poblada desde el Paleolítico, se asienta en un pequeño valle a orillas del río Henares. 

La Segontia celtíbera, una de las seis ciudades arévacas más importantes según Plinio, debía de estar situada en el cerro de Villavieja (al otro lado del río) o en el más cercano cerro Mirón y en época romana acabó por convertirse en un punto estratégico de la calzada Emérita Augusta.

Declarada Conjunto Histórico Artístico, tiene entre su calles una veintena de puntos de interés (ver plano). Caben destacar:

La Catedral, una de las más originales de España al combinar los estilos románico y gótico, comenzada a construir en siglo XII. De obligada visita resultan la capilla del Doncel, la sacristía y el claustro.


En la Plaza Mayor, construida en el siglo XVI para albergar la Casa de la Tesorería, el Ayuntamiento y el mercado, destacan hoy sus amplios soportales y balconadas.


El Castillo de Sigüenza, hoy Parador Nacional, se asienta sobre el cerro que rodea por la izquierda al río Henares y fue la culminación de una amplia muralla que rodeaba la ciudad.

+Información:  

jueves, 5 de mayo de 2011

El primer equipo español de Bobsleigh

Puede que viéseis la película de 1993, Elegidos para el triunfo, o conoceréis de oídas la historia de aquellos atletas jamaicanos que formaron un equipo de bobsleigh  para competir en los Juegos Olímpicos de 1988 celebrados en Calgary, Canadá. Un tiempo antes, en 1956, el combinado español se deslizaba en un trineo por primera vez.

Portago y Sartorius - olimpismo2007.blogspot.com
En 1928 nació en Londres Alfonso Antonio Vicente Eduardo Ángel Blas Francisco de Borja Cabeza de Vaca y Leighton, marqués de Portago y conde de La Mejorada, hijo de un aristócrata español y de una multimillonaria dama irlandesa, un apasionado del deporte que vivió la vida a fondo hasta que a sus 28 años se mató cuando disputaba las Mil Millas de Brescia.

Alfonso de Portago o Fon, como le llamaban sus amigos, pasó casi toda su infancia en la villa familiar de Biarritz (Francia). Probó el polo, la pelota vasca, el golf, el esgrima, el boxeo, el esquí, la natación... aunque en los deportes que más destacó fueron: la hípica (corrió dos veces el "Grand National"), la aviación deportiva (hasta que le quitaron la licencia por cruzar bajo un puente de ferrocarril por una apuesta), el automovilismo (fue el primer piloto español que tuvo el honor de correr para la escudería del Cavallino Rampante) y el bobsleigh.

Portago conduciendo su Ferrari
Aficionado a la nieve y asiduo de la estación invernal de Saint Moritz, un buen día se quedó prendado de los muchachos que se lanzaban con un trineo por el circuito de skeleton. Aquella insensata mezcla de hielo y velocidad le cautivó y tras bajar varias veces por la pista concibió el reto de montar, sufragando los gastos de su bolsillo, un equipo español de bobsleigh y participar en los siguientes Juegos Olímpicos de Invierno, que se iban a celebrar en 1956 en Cortina d'Ampezzo (Italia). 

Al no vivir en España y no tener apenas relación con otros deportistas españoles, Fon reclutó a su primo Vicente Sartorius (padre de Isabel) y a Gonzalo Taboada y Martínez de Irujo y Luis Muñoz Cabrero, amigos de la alta sociedad madrileña. Otros inscritos inicialmente que no llegaron a participar fueron (según "La Vanguardia", 22 de enero de 1956, pág.28): Antonio Marino, Enrique Martorell y el celebre periodista Andrés Mercé Varela.

A pesar de que las relaciones personales entre ambos no fueron fáciles, Portago fue apoyado en su aventura por el Presidente de la Federación Española de Patinaje, Juan Antonio Samaranch, de quién dependía el bobsleigh.

Durante los entrenamientos oficiales, los demás competidores se reían a carcajada limpia de las frecuentes caídas de aquella extraña tropa española. Sin embargo, el día de la competición la falta de experiencia, de entrenos y demás handicaps, no fueron obstáculo para Portago y Sartorius que firmaron una carrera impecable: rozaron la medalla en bobsleigh a dos al quedar cuartos, a catorce décimas del podio copado por los dos equipos italianos y el primero de Suiza y finalizaron en el noveno puesto (de veinte) en bobs a cuatro. Los españoles se convirtieron en los deportistas de moda, muchos años antes que los jamaicanos compitieran en Calgary 88...

Fuentes:

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